4 al 10 de junio
de 2002, Diario La Nación, suplemento Tevé
El padre de las criaturas
Matt Groening habla de por qué prefiere la tinta china a la computadora
y un chiste a una escena, y desmiente que "Los Simpson" (que
este domingo estrenan su 13ª temporada) están por terminar
Por Mariano Siskind
NUEVA YORK.- La gente está parada, aplaudiéndolo.
Puede ser porque Matt Groening acaba de desplegar durante algo más de
cuarenta minutos su humor y su experiencia como dibujante. O porque sus anécdotas
y sus palabras le devolvieron, según se dice, el alma al cuerpo a una
platea fanática de "Los Simpson", el fenómeno social
y estético que él mismo concibió y dibujo hace ya casi
15 años. Y es que Groening acaba de aclarar enfáticamente que
ni se le ocurre pensar en dar por terminado el ciclo vital de "la familia
favorita de Springfield".
"Nos estamos acercando al fin", había
anunciado Matt Groening según el prestigioso Financial Times de Londres.
Y, lógicamente, empresarios interesados, críticos atentos y televidentes
seguramente fanáticos desesperaron. Pero ahora la gente aplaude de pie
a Groening, que aprovechó la conferencia a la que lo invitó la
Pace University, al sur de Manhattan, a la sombra del puente de Brooklyn, para
hablar de "Los Simpson" y de su amor por el dibujo, su desagrado por
la intervención de las computadoras en el proceso creativo y para mostrar
que la fama y los millones no lo han cambiado. Que sigue siendo el nerd que
se mudó de Oregon a Los Angeles para crear a los amarillos personajes
que revolucionaron la televisión (y algo más).
No es el fin
Groening llegó a Nueva York pocos días
después de que diarios de todo el mundo difundieran la noticia del fin
del Imperio Simpson. Por lo que nadie tuvo que hacerle la primera pregunta que
contestó: "Resulta que estaba en Londres, tratando de evitar encontrarme
con la prensa británica. Muchos amigos y conocidos me habían advertido
que no me acercara a los periodistas mientras que estuviera en Inglaterra; que
eran más amarillos que Homero. Entonces me llamaron del Financial Times,
que tiene fama de ser uno de los periódicos más serios del mundo.
Y cometí el imperdonable error de ceder a las presiones y aceptar hacer
un reportaje. Nunca me imaginé que serían ellos, los que me sacarían
de contexto, generando una gigantesca ola sobre el final de "Los Simpson"
que se reprodujo por todo el mundo. La cosa fue así: ellos me preguntaron:
"Cuánto más van a estar en el aire?", una pregunta por
demás malintencionada, no? Acostumbrado a que no todas las preguntas
vienen en su formato ideal, respondí con la más ingenua honestidad:
"Y, teniendo en cuenta que acabamos de terminar de producir el episodio
300, creo que estoy en condiciones de decir que estamos más cerca del
final que del principio, no?". Para mi sorpresa, dos días más
tarde leo en la tapa del Financial Times: "Matt Groening anuncia que el
final de "Los Simpson" es inminente". No lo podía creer.
Al periodista del Financial Times que se esconde en la platea déjeme
decirle claramente: ni pienso en el final de "Los Simpson"".
Todos los nerds todos
La mayor parte del público presente en
el auditorio de Pace bien podría ser calificada de nerd, es decir, personas
que pasan tal vez más horas que las aconsejables obsesionadas con el
objeto (más o menos bizarro) de su deseo. Groening se esfuerza por marcar
la empatía que siente por ellos, por subrayar que él es uno más:
cuando la conferencia termina se acerca al borde del escenario, donde lo esperan
veinte, treinta fanáticos desesperados, aparatosamente histéricos
por conseguir su firma y -en el mejor de los casos- su dedicatoria en libros,
revistas, programas y cuadernos de "Los Simpson" en mano. Él
sonríe, se muestra extremadamente accesible. Dibuja Barts, Homeros y
Lisas que "dicen" la dedicatoria a cada uno de los nerds. No parece
costarle demasiado esfuerzo mostrarse como uno de ellos: mientras firma y dibuja,
se burla de su agente y de su propio corte de pelo, por el que "el ladrón
del peluquero" le cobró 300 dólares -comenta por lo bajo-.
A pesar de sólo la mitad del público
ostenta, orgullosa, su condición nerd y su deseo de aprender del maestro,
Groening -cual viejo vizcacha de Springfield- dirige su charla directamente
a ellos, ofreciendo anécdotas y consejos para entender la excepcional
génesis de "Los Simpson": "Mi recomendación a los
narradores en cualquier género es siempre la misma: "Poné
un chiste"... cuando no sabés como resolver una escena... "poné
un chiste", y si aún la escena no cierra... "poné otro
chiste": para mi, ésta es la clave de la narración audiovisual",
explica. El recorrido didáctico concluye con una reivindicación
del trabajo artesanal: "Creo en la animación convencional, la que
se hace con un plumín, un par de tinteros y una hoja en blanco. Esto
no quiere decir que no respete y admire a quienes hacen animación digital,
pero yo prefiero el aspecto tintoso que tienen "Los Simpson": la combinación
de colores que lo vuelven un producto pop. Está claro que al principio
lo hacíamos con un grupo de colaboradores, pero desde hace unos años
el coloreado se hace en Corea, donde nos odian con peculiar intensidad por hacerlos
realizar un trabajo que una máquina haría en dos minutos.
Amor amarillo
La historia de "Los Simpson" forma parte
de la mitología televisiva mundial y el propio Groening se cansa de repetirla.
Lo que pocos conocen y Groening refiere en la conferencia con sus propios orígenes
como realizador: "Mi primer corto de animación lo hice a los 16
años. Mi papá me regaló una cámara de 16 milímetros
y decidí filmar mi primer opus: "La batalla de los androides",
que consistía en la descarnada lucha de dos muñecos del tipo G.I.
Joe a quienes de manera brillante había bautizado, para distinguirlos,
de la siguiente manera: El Androide y El Otro Androide. Después de meses
de filmación, edición y trabajo obsesivo finalmente presenté
mi primer film ante toda la familia. Fue un momento muy importante en mi vida,
pero no porque la película haya sido buena o mala, sino porque en ese
momento me di cuenta de que necesitaba anteojos: todo el corto estaba completamente
fuera de foco". El público se ríe (Groening maneja los tiempos
de la conferencia con el mismo timing que le falta a Homero). Y de inmediato
agrega: "siempre soñé con ser director de cine. Sigo soñando".
La pelota queda picando frente al cronista de La Nación Tevé,
que pregunta cuándo se animará a hacer la tan mentada película
de "Los Simpson": "Me encantaría hacer un largometraje,
pero no tengo idea de cuándo. La verdad es que la idea de una película
me aterra, especialmente porque tengo miedo de que termine eclipsando al programa.
Por ejemplo, en el caso de "Los Expedientes X", mucha gente cree que
justamente lo que mató a la serie fue la película. No me perdonaría
si pasara eso con "Los Simpson". Por otra parte, debo decir que los
22 minutos semanales que tenemos 26 semanas al año son más que
suficientes para contar las historias que queremos contar. De más está
decir que en Fox no están demasiado contentos con nuestros reparos. Pero
no pasa nada, estamos todos acostumbrados: ellos a enojarse y nosotros a usar
su enojo para un chiste".